0!… 10º Aniversario!!!

Un ejército ha salido a la ciudad,
no tienen armas, sólo buen ritmo.

Si tu quieres agitar la realidad,
samba da rua en tu cara aquí mismo.

Todo el mundo con las manos en el aire,
vamos a hacer de tu fiesta un desparrame,

comprenderás por qué mi gente no se arruga,
samba da qué? SAMBA DA RUA!

 

 

Mustafa aprendio en Senegal

Nos disponíamos a tomar la última tapa en Almería, se terminaban las Navidades 2008 y con ellas mis vacaciones. Nos dirigíamos a un sitio muy recomendado de las Cuatro Calles, se llama La Bien Pagá. De camino voy escuchando sonidos de percusión, según llegamos al bar, vemos que hay un negro de esos que venden Djembes y figuras de elefantes de madera, tocando uno de los Djembes cerca de la barra (por cierto sonaba de lujo).

Entro en el bar acompañado de mi chica y pedimos unas cervezas, mientras las ponen me acerco y pregunto el precio del Djemebe (demasiado caro… no es su precio real ni de coña), le digo que suena muy bien, que está muy bien tensado. Me invita a tocarlo para probar y no puedo resistirme. A nuestro lado en la barra hay un hombre con pinta de ingles, parece perjudicado por el alcohol. Me dice – Tu sabes tocar ¿eh? se te nota.

La verdad que no podía resistirme, el Djembe sonaba muy bien y Almería no se caracteriza por ser una de las provincias mas cosmopolita del Mundo, el entorno que me ha rodeado siempre ha sido bastante cerrado, gente muy tradicional a la que quiero con locura, pero con la que nunca me vería tocando en algún bar de sus calles.
Podéis imaginar mis ganas de tocar en un lugar donde el ritmo viene marcado por los típicos pubs imitación de Irish Tabern donde solo se escucha “pachangueo” casposo.
Además resultó que el ingles aparentemente borracho que teníamos frente a la barra, era el dueño del local y nos pidió que tocásemos mientras el quitaba la música.
De esta forma y por estos motivos, decidí sentarme hombro con hombro con aquel negro que se llama Mustafa.

Mi cervecita en la barra, mi tapa de berenjena con miel esperando. Entre las piernas, bajo mis manos, un Djembé. A mi lado un hombre de Senegal nacido en Dakar, su aventura como inmigrante empezó en Málaga cuatro años atrás.
Comenzamos a tocar cualquier cosa, uno de los dos iniciaba un ritmo y rápidamente el otro le seguía… cuando el ritmo estaba interiorizado y fluía sin problemas el uno, o el otro, soleaba sobre la base marcada.

Se trataba de un lenguaje que Mustafa había aprendido hacía muchos años, cuando era muy niño y viajaba a la aldea de su abuelo. Una de esas aldeas rodeadas de chozas de caña y barro, con negros de una tribu pintados hasta las cejas, bailando y tocando toda una noche ritmos hipnotizantes, raíz de nuestra propia historia musical.
Por mi parte, ese lenguaje común lo aprendí en varios parques de Majadahonda un pueblo de Madrid, el día que unos cuantos amigos nos bajamos a Lavapies para comprar Djembes a muy buen precio. Aunque mi padre siempre dice que siendo muy pequeño, me llevaba a pasear en la sillita por el Retiro y nos quedábamos un buen rato viendo tocar a los negros. Lo mismo la pasión por el ritmo me viene de ahí.

No dejó de ser una situación entrañable, estar tocando ritmos de Senegal con Mustafa en aquel bar de tapas del casco antiguo de Almería, una zona que todavía muestra su aspecto árabe.
Quizá uno de los recuerdos que guarda Mustafá de su tierra son los ritmos que aprendió en la aldea de su abuelo, cultura del Africa profunda. La que mezclamos esa noche con bulerias en un bar de tapas de Andalucía, bajo la mirada de la Alcazaba de Almería.

Le deseo un buen 2009 a Mustafa y a todas esas personas que a través del ritmo unen culturas, dispuestos a aprender de las demás.